Bien sabéis los que me leéis habitualmente que mi gran pasión es el cine, y es al séptimo arte a lo que está dedicado este canal. Pero en tanto periodista cuyo e-mail se encuentra en listados de prensa que distribuidoras y productoras se pueden pasar entre ellas, cabe la posibilidad de ser invitado a todo tipo de eventos. Pero que los muchachos del programa + Que cine de los Yelmo Cines me invitasen a asistir al estreno de la Temporada de retransmisiones en directo de la Temporada de Ópera del Metropolitan Opera de Nueva York fue una sorpresa exquisita y muy agradecida. No en vano, también me considero un melómano. Y al tratarse de una retransmisión proyectada, podíamos catalogar al evento como espectáculo audiovisual, cuyo lenguaje audiovisual me permitía analizarla como tal. Me encontraba por tanto ante una empresa desafiante, que me instaba a visitar una disciplina que me agrada pero que tengo muy abandonada y me obligaba a abandonar mi zona de confort. Acudí a la cita con escasas ideas preconcebidas y sin tener demasiado claro lo que me iba a encontrar. Mi bagaje como oyente ocasional de ópera podía ser más un estorbo que una ayuda en este contexto. Y no puedo estar más que agradecido por poder disfrutar de una experiencia tan provechosa y atractiva. No tanto por la calidad intrínseca de la ópera en sí o por el nivel de la realización audiovisual de la representación, sino por la estructura y características refrescantes de la representación.
Turandot no es una ópera excelente, desde luego dista de ser de las mejores, pero es una buena ópera, hermosa y amena. Su calidad media es constante y correcta, no presenta severos altibajos ni fragmentos de sopor o hastío musical, pero apenas cuenta con arias memorables. La gente recuerda el Nessun dorma de Calàf, servidor se queda con clara diferencia con la hermosa Tu che di gel sei cinta y Liù! Liù! Sorgi! Sorgi! de la muerte de Liù. No en vano, este fue el momento más vitoreado de la obra, y que bien le valió a Eleonora Buratto la mayor ovación del elenco, pues ella fue la única del reparto de voces que rindió al primerísimo nivel. Desde un punto de vista musical, ver una ópera retransmitida en vivo nunca es la mejor opción, pues los volúmenes de los voces son mayormente bajos. Tampoco es la mejor opción para sumergirte en el universo del relato, pues el recurso de primeros planos con la exagerada gestualidad de los intérpretes recalcan la cualidad de artificio de la obra. Pero es en la reafirmación y apreciación de la extrema teatralidad de la representación dónde radica el mayor atractivo, que la ambiciosa realización multicámara recalca a las mil maravillas, captando en todo su esplendor la opulencia de los enormes y majestuosos decorados y el detalle de la infinidad de hermosos vestuarios y objetos de utillería presentes en la función.
Experimentados tras décadas en estas lides, los organizadores de la retransmisión tuvieron a bien cebar puntualmente a lo largo de la proyección los platos fuertes del resto de la temporada. Las dos novedosas apuestas de este cursos son el Porgy and Bess de los Gershwin y el indescriptible y apenas representado Akenatón de Philip Glass. Ambas estuvieron muy presentes durante la velada, pues la soprano de la primera, Angel Blue, era la presentadora de la retransmisión, dando paso a cada una de las 3 partes, resumiendo la trama justo después de los descansos e introduciendo los distintos elementos de la retransmisión. Y la segunda era una presencia ominosa, pues tuvimos a bien introducirnos con una cámara en uno de los ensayos en el primer descanso. Efectivamente, dos descansos, uno al final de cada parte, dónde se encontraban los mayores alicientes de la retransmisión. En ellas veíamos vídeos e imágenes de archivo conmemorativos o promocionales, se realizaban entrevistas a trabajadores del Metropolitan e incluso a los intérpretes de la ópera conforme abandonaban el escenario y dejaban una cámara entre bambalinas para poder ver en directo como los operarios retiraban los decorados de la parte finalizado y comenzaban a colocar los de la siguiente, a un ritmo sin frenesí pero sin pausa, con un control digno de los mejores profesionales.
La Ópera es un género musical y escénico único que debemos luchar por no perder del todo, y sin duda bien merece nuestra atención cada cierto tiempo. Los Yelmo Cines Ideal nos permiten acceder a su mejor exponente de una manera económica, y te permite ver muy de cerca detalles de una producción pantagruélica y colarte en la trastienda para descubrir algunos procedimientos laborales de los cientos de personas implicadas. Una experiencia realmente intensa.