Os dejo aquí todas las reseñas breves que publiqué en Letterboxd de las películas vistas durante el mes de marzo de 2024.

Mad Max. Salvajes de autopista (George Miller, 1979)
Ante la amada ultrajada, venganza en sexta marcha.
Torrente iconográfico en Mad Max, distopía cruda y gamberra de salteadores y dementes sobre ruedas. Su personalidad es radiante, así como el hambre y creatividad de Miller tras la cámara, ensamblando múltiples secuencias de acción de notoria visceralidad física. Lástima que no sean tantas las escenas de este tipo que ocupen su metraje, deviniendo el resto tonalmente desvaído y emocionalmente embarullado.
Kung Fu Panda 3 (Jennifer Yuh Nelson y Alessandro Carloni, 2016)
Para alcanzar la plenitud en tu viaje, hay que procurar llegar a la mejor versión…de uno mismo.
Batallas entre la carne y el espíritu en Kung Fu Panda 3, secuela que abraza el misticismo para dar resolución catártica para sus personajes allí donde las artes marciales fracasan. Secuela muy cercana a superar a la original, que preserva el balance entre drama y comedia de la segunda y recupera el Kung Fu, con un villano simple pero de intenciones claras y dinámica de ataque vistosa. Seguramente la más hipnótica a nivel visual, con tramos visuales creativos de combinación con la mitología y el fantástico.
Bien es cierto que mantenemos el exceso de tono blando y la moralina, y el desarrollo no depara sorpresas. Pero es difícil tenerlo todo.

Priscilla (Sofia Coppola, 2023)
Sumida, paciente en la sombra, se pinta pestañas embalsamadas.
Fino retrato de la identidad sacrificada en Priscilla, donde las formas se articulan con extrema pertinencia discursiva. Crónica trágica pero romántica de una vida instrumentalizada en la jaula de oro. Pareja que se ama pero que se sostiene sobre un modelo rígido que condena a la protagonista a asumir una existencia ornamental y servicial. Juventud de madurez forzada y soledad eterna puntuada por la apagada fotografía con la que se despoja de fantasía el oropel y el bordado.
Bien es cierto que el filme atraviesa etapas de reiteración unidimensional, y el retrato de Elvis recurre puntualmente al diálogo enfático burdo, pero nos brinda múltiples secuencias notables de elipsis por montaje y uso de melodías pop para trazar el tono emocional. Una de las propuestas más elegantes de marzo de 2024.
El beso de la pantera (Paul Schrader, 1982)
El hambre destructora se contendrá por la fraternidad, y el fuego se apagará con gasolina.
Sensual y estilizada versión de La mujer pantera filmó Paul Schrader en 1982. Injustamente maltratada por la crítica, nos hallamos ante una propuesta con mucha personalidad y muy diferente a la original. Menos elegante, pero más erótico, explícita y violenta, así como hermanada sin complejos con el terror monstruoso.
Cuando imita secuencias icónicas de Tourneur palidece por tosquedad, y el desarrollo narrativo acusa falta de dinamismo, pero ofrece rasgos múltiples de seducción estilística y concepción elocuente de la imagen, realzada por la memorable banda sonora. El remake de marzo de 2024.
Tenebre (Dario Argento, 1982)
En los contextos más truculentos, son las posibilidades más extravagantes las que deben ser consideradas.
Giallo de literatura sangrienta y traumas infantiles en Tenebre, oda a la hipnótica banda sonora de Claudio Simonetti. Suspense meta donde el asesinato de las letras se hace carne y el escritor, atrapado en duales identidades misteriosas, es víctima, espectador y verdugo de una tela de araña que brilla especialmente en el misterio de sus escenas abstractas de flashback.
Abunda en tosquedades en diálogos e interpretaciones, y su carga sensual resulta ridículamente babosa, pero ofrece una personalidad estilística que preserva su fuerza, siempre buscando creativos movimientos de cámara y situando al objetivo como mirada ineludible de aniquilación femenina.
Sleep (Jason Yu, 2023)
Cae la noche, y la mayor amenaza duerme a tu lado.
Allanamientos narcolépticos en Sleep. Lograda atmósfera de terror sobrenatural e introducción convincente en su integración de la comedia y el perfilado misterioso de los comportamientos en fase REM. Sin embargo, pierde todo el interés cuando desvela la naturaleza fantástica del enemigo y los personajes nunca adquieren dimensión.
La información se desvela por búsqueda digital o explicación verbal, pues en su ausencia de estilo e impersonal planificación la película es incapaz de arrojar una sola imagen de valía. La peor película de Marzo de 2024.

Mártires (Pascal Laugier, 2008)
Para conocer qué nos espera tras la muerte, la doncella debe atravesar dolores extremos.
Fantástico que indaga en los traumas del secuestro y la violencia sobre las mujeres en Mártires. Filme muy especial y con discurso interesante en su trasfondo, que muta sobre la marcha de rape & revenge a suplicio realista de torturas y encierro. Sin embargo, la recompensa queda lejos de compensar el doloroso proceso de llegar hasta ella.
Pese a la gravedad de su tono o las vías de reflexión ambigua, no deja de ser pornografía de la tortura y violencia por violencia. Cine del impacto y la provocación, morboso y chillón, montado sobre un exceso de imágenes movidas y breves y posible sobre la progresión estática de su guion. El visionado mas duro de Marzo de 2024.
Fróntiere(s) (Xavier Gens, 2007)
Encerrada en dinámicas dementes y estancas, la sangre se degrada.
Cruda aventura de supervivencia en Frontière(s). Carne y perversión neonazi en entorno rural que representa una vertiente más festiva del nuevo extremismo francés. Lo más acertado son sus desquiciadas interpretaciones, su salvajismo ruidoso y su tono cafre, pero todo ello desmerece debido a sus villanos de opereta, su desarrollo inane y, si bien resulta coherente a nivel conceptual, su inestable planificación.
Hardware (Richard Stanley, 1990)
Sepultados bajo el polvo y la radiación, el ojo electrónico nos mira, sanguinario.
Cuento oleoso de supervivencia frente a la máquina en Hardware, ciencia-ficción rock rebosante de sensualidad y envolvente atmósfera nocturna de sudor, chatarra de cables e interfaces digitales noventeras. A nivel conceptual reduce su crítica a la IA a huir de robot malo, es una amalgama reconocible de muchas cosas mejores (Blade Runner, Mètal Hurlant, Alien, Terminator…) y pasada su primera hora da vueltas en un apartamento sin que ocurra nada.
Pero tiene encanto y estilo, esa energía y ambiente rebelde la hacen muy disfrutable, así cómo sus secuencias de abstracción mística en espiral.
Dune: Parte Dos (Denis Villeneuve, 2024)
Adscritos a profecías propagadas a conveniencia, los liderazgos se fortalecen a lomos de gusanos de arena.
Épica mitológica desértica de linajes enfrentados en Dune: Parte Dos, compacta secuela que supera a su predecesora a costa también de sacrificar algunas de las virtudes de aquella. La riqueza musical se reduce considerablemente, la complejidad dramática resulta simple y las dicotomías buenos-malos carecen de grises, para un conjunto en el que nunca da la impresión de que suceda algo de peso allende la verborrea. Sin entrar a discurrir sobre la escasa creatividad de su iconografía.
Sin embargo, fluye con más dinamismo, la narración es más cristalina, los personajes rezuman carisma, el desierto magnetismo y las batallas cuerpo a cuerpo se planifican con más finura. Y el cuerpo se entrega sin resistencia al diseño de sonido. Ojalá todo el entretenimiento hollywoodiense se facturase con este virtuosismo técnico.

Journey to the shore (Kiyoshi Kurosawa, 2015)
No hay mejor manera de entender los espacios que presenciar los relatos y momentos de aquellos que los han habitado.
Soberbio melodrama espectral el que Kiyoshi Kurosawa firma en Journey to the shore. Sutil y emocionante ejercicio de amor romántico, memoria y dolor, rodeado de hipnótico misterio y elaborado con una sugerente y rica puesta en escena. Pensada y pertinente fotografía oscura llena de matices, que cohesiona con libertad y sin normas definidas el fantástico con el naturalismo en un universo en el que vivos y muertos conviven en un mismo estadio.
Pocas soluciones cinematográficas más conmovedoras se pueden encontrar que integrar las apariciones o los instantes oníricos a través del montaje, en una narración triste y pausada que siempre encierra revelaciones en sus encuadres. La mejor película de marzo de 2024.
La novia de Frankenstein (James Whale, 1935)
Para redondear el escarnio, busquemosle una pareja al monstruoso paria.
Poderosa secuela en La novia de Frankenstein, terror clásico de oficio y gusto. Intachable diseño de decorados y evocadores movimientos de cámara para adentrarnos en la narración ficticia desde la realidad. Karloff llena a su personaje de humanidad, impacta especialmente cuando el tono opta por la ternura y, como sucede a menudo en el cine, resuenan las secuencias de rugido de las marabuntas.
Bien es cierto que ningún momento estremece, y sumando su breve metraje queda la sensación clara de que la experiencia nunca llega a explotar. Pero su encanto permanece intacto.
Besos de vampiro (Robert Bierman, 1989)
Sumiso ante el cebo de la seducción, el vampiro cae presa de sus demonios internos.
Extravagante vía crucis demoníaco en Besos de vampiro, filme de culto gracias a la cultura meme de Internet. Comedia fantástica con trazas de suspense psicológico y atmósfera seudo-erótica que orbita alrededor de un único activo de interés: un joven Nicolas Cage desatado en un demente festival de gestos y espasmos que abraza de pleno el ridículo.
Nada más que destacar en un conjunto tosco y estirado, con mucho preámbulo y poco nudo. Y un exceso gratuito de maltrato hacia las mujeres. Lo más mediocre de marzo de 2024.
Las brujas de Oriente (Julien Faraut, 2021)
Dispuestas a ser las mejores, la extenuación física se da por sentado.
Estilizado documental sobre mitología deportiva la que propone Julien Faraut en Las brujas de Oriente, recorrido retrospectivo enunciado desde el presente del largo período ininterrumpido de éxitos de un equipo de vóleibol femenino durante la década de los 60. Se muestra implicado con especial tino reflexionando sobre la instrumentalización política y social de dichos éxitos y retratando unas despiadadas rutinas de entrenamiento físico naturalizadas por unas guerreras que aún hoy siguen haciendo mucho ejercicio.
Nunca llega a profundizar demasiado, y su metraje resulta excesivo, pero brilla en sus decisiones estilísticas, integrando la música con elocuencia y combinando con dinamismo cinético metraje digital presente, imagen de archivo y animación.

Stop making sense (Jonathan Demme, 1984)
Esta tal vez no sea tu preciosa casa, y esa tal vez no sea tu preciosa esposa.
Torrente de ingenio escénico en Stop making sense, fiesta de energía desbordante que ofrece la mejor combinación entre séptimo arte y filmación de conciertos que ha existido en la Historia del Cine. Espectáculo planificado con cuidado y riqueza de ideas, incrementando paulatinamente el número de músicos y de elementos de tramoya a lo largo de varias canciones o dialogando con sombras, proyecciones traseras y la angulación y tamaño de los planos.
Un festín de celebración y alegría contagiosos, canal por el que circula desatado el carisma y la efervescencia corporal de David Byrne. El mejor clásico de marzo de 2024.
El pequeño Quinquin (Bruno Dumont, 2014)
Cuando se apilan los cadáveres y las vacas locas, la situación se ha vuelto embarazosa.
Desternillante ovillo criminal costero en El pequeño Quinquin, obra de culto del europeo contemporáneo. Miniserie policíaca de surrealismo extremo anegada de pistas inciertas, fugas y estancamiento impredecible, que satiriza el racismo francés y los ambientes rurales de la ignorancia, apostando todo a la más hilarante incorrección para reírse de retrasados, poco agraciados y demás grandes fichajes de su estelar casting.
Su moroso tempo muchas veces no conduce a ninguna parte, pero un puñado de secuencias de carcajada extrema lo compensan todo. Ya sólo por dar vida a la pareja policial de Van Der Weyden y Carpentier, merece una parcela en el imaginario cinematográfico.
El caso Goldman (Cédric Kahn, 2023)
Cuando la etnia del acusado afecta a la percepción, el culpable torna inocente.
Suspense de reivindicación política en El caso Goldman, recreación de los hechos reales de redención ante la justicia del activista judío de izquierdas que Cédric Kahn filma con concisión y vigor. Pulso envidiable para representar la sociedad francesa entre cuatro paredes, mostrando la vigencia plena de este caso como situación ejemplarizante que condensa las luchas políticas del momento.
Cae en el recurso fácil de los planos de reacción sensibleros, pero poco hay que recriminar a cine judicial tan intenso, contienda de planificación precisa e hipnótica violencia verbal.
Saque la lengua, señorita (Axelle Roppert, 2013)
Lo que unirá el oficio, lo enfrentará el amor.
Refinado y elegante melodrama en Saque la lengua, señorita, filme de concepción clásica en su argumento y cuidadosa finura en su engranaje. Arrebatadora fotografía de colores vivos y encomiable ingenio narrando mediante la construcción de encuadres, amén de ejemplo de utilización esporádica de la música para elevar la potencia dramática de algunas secuencias al infinito.
Pero su marcado estilo no la aleja de la realidad y el humanismo, sabiendo mirar a los problemas de nuestra cotidianidad con detenimiento y construyendo personas complejas como personajes cómo solo los franceses saben hacer.
Godzilla y Kong: El nuevo imperio (Adam Wingard, 2024)
Buscando la familia escondida, las batallas del pasado se reavivan.
Montaña rusa de mitologías desentrañadas y contiendas titánicas en la atropellada Godzilla y Kong, una demostración perfecta de que lo más importante en el cine no son los conceptos sino la puesta en escena de los mismos. Cada subtrama por sí sola tiene su interés, pero el engranaje de todas ellas no puede ser más chapucero.
Es más ambiciosa que su predecesora, pero fluye mucho peor y pierde gran parte de su personalidad. Los alivios cómicos son detestables, las conveniencias afloran, la exposición oral se integra con extrema torpeza y las batallas se presentan de manera cacofónica. Potencial lúdico devaluado a cada minuto que avanza hacia su pobre en ideas clímax. De las propuestas más irritantes de marzo de 2024.
