Os dejo aquí todas las reseñas breves que publiqué en Letterboxd de las películas vistas durante el mes de febrero de 2024.

Un héroe anónimo (Alain Guiraudie, 2022)
Si no mides la curiosidad y el altruismo, te encuentras con islamistas radicales en tu salón.
Absurdo festival de enredos por Clermont-Ferrand en Un héroe anónimo, vodevil hierático que despedaza trapos sucios de nuestra contemporaneidad. Crítica incómoda al temor racial a Oriente próximo, las histerias colectivas descabezadas, las filias sexuales escondidas o las convivencias crispadas en los vecindarios occidentales.
Patetista y de clímax sexual negado, resulta refrescante que protagonicen relatos perfiles extravagantes que no solemos seguir tanto tiempo. La marcianada de Febrero de 2024.
Rebel Moon (Parte Uno): La niña del fuego (Zack Snyder, 2023)
Desde los márgenes del anonimato, los héroes caídos encenderán entre las cosechas la llama de la insurrección.
Primeros pasos de una tragedia espacial en Rebel Moon – Part One: A Child of Fire, ejercicio tan compungido como enérgico. Sorprenden como aciertos su fluidez narrativa, la química entre personajes o el tono mitológico pesaroso apoyado en la abigarrada música de Junkie XL.
Lamentablemente, su relato es derivativo, su discurso simple y sus formas, de ópticas angulares por decreto y apagada fotografía plana en tonos naranjas, monótonas e inexpresivas.
Sala de profesores (Ilker Çatak, 2023)
Cuando predicas de manera férrea con la integridad, la implicación te atrapa en un océano de conflictos.
Suspense escolar en Sala de profesores, drama de escalada exponencial sobre honestidades resentidas y ambientes en ebullición. Temas sugerentes abordados de la manera más efectista posible, atando la vida a las paredes de un colegio, esquematizando los perfiles de personajes, acelerando la conjunción de desdichas y articulando gestos vaciados en el espectáculo sensacionalista del griterío.

Cure (Kiyoshi Kurosawa, 1997)
Bajo la influencia de la hipnosis, los asesinos dejan su rastro en forma de «x».
Hipnótico entramado de horror en la excelente Cure, una catedral del misterio atmosférico desde la puesta en escena. Suspense calmo que destaca insertando de manera abrupta la violencia y la muerte desde una cotidianidad silenciosa, en un montaje sin tiempos muertos ni antelaciones. El agua y los elementos implícitos del espacio roban el protagonismo a los personajes, y la urbe sórdida baña la narración de inquietud en un banquete de encuadres para delectar.
Viaje que no da pistas ni circula hacia un objetivo, pero que brilla en el recorrido. Cine que se siente en cada poro, y que aviva nuestro subconsciente. Una de las grandes películas vistas en Febrero de 2024
Pobres criaturas (Yorgos Lanthimos, 2023)
Armada de su propio deseo, la portentosa criatura definirá su propio camino descartando en su curiosidad insaciable las toxicidades de varones diversos.
Pinochesca fábula de emancipación en Pobre criaturas, tan interesante en su discurso como ligera en su barroco aparato formal. Portentosa entrega del reparto, sugerente banda sonora disonante y potencia irónica en sus diálogos, pero acompañados de un lenguaje fílmico excesiva con el que nunca se culmina la sinergia.
Crueldad y escatología tonal que se revelan como mueca conforme el filme descubre el cariño hacia sus personajes. Y en sus apariencias, grotescos decorados TerryGilliamescos y colores chillones para un universo de artificio enunciado de manera arbitraria, mediante caprichosos ojos de pez, angulares de poco recorrido semántico y desplazamientos de cámara monótonos. El bluff de Febrero de 2024
Jawan (Atlee Kumar, 2023)
La justicia sólo puede quedar en manos del pueblo, alentado por el ejemplo de un justiciero que es al mismo tiempo padre e hijo.
Hipervitaminado Robin Hood contemporáneo en la entretenidísima Jawan. Catedral ridícula de acción auto-consciente que representa un nuevo festín de cine mamarracho explosivo venido de la India. Vibrantes secuencias de acción, ensalzamiento mitológico de la estrella protagonista, frenesí tecnológico de revelaciones permanentes, números musicales contagiosos y, en definitiva, histrionismo tonal hiperbólico al que, en su ludismo superlativo, tan sólo podemos perdonarle sus vergonzantes momentos dramáticos.
Fiesta del escapismo bobo con la que el blockbuster norteamericano apenas es capaz de soñar. El mayor espectáculo de Febrero de 2024.

Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)
La mentira podrá restaurar el afecto, pero no cicatrizar las heridas del pasado.
Melancólica tragedia romántica en entorno de western durante la notable Johnny Guitar. Un recorrido minimalista anegado de potencia simbólica y secuencias portentosas, con un uso tan sencillo como evocador del lenguaje cinematográfico. Las tonalidades del Trucolor resaltan los amarillos y rojos de los vestidos en sintonía con la intensidad emocional del personaje, y el acabado artificioso de los pocos espacios del relato canalizan el conflicto humano, como en un incendio extraordinario.
Progreso en el oeste donde el tiroteo cede paso a la palabra durante la mayor parte del metraje, trazando desde los primeros compases una tensión y violencia en el punto de ebullición durante gran parte del recorrido. Ubicación armoniosa de personajes y escenografía en los encuadres, diálogos afilados y embriagadores y, ante todo, la presencia de Joan Crawford, de vocabulario facial más grande que la vida y gestos (piano) llenos de trascendencia cinematográfica. El clásico de Febrero de 2024.
Frenético (Roman Polanski, 1988)
Para recuperar a la esposa perdida, deberás seguir la pista del loro azul.
Suspense de extravío urbano en París el que nos propone Frenético, thriller algo desperdiciado en su capacidad de estremecer pero solvente en el pulso de su ejecución. Atinada capturando la esencia cultural de la época, sensual en su indagación por las esferas clandestinas de la urbe francesa y trufada de planos elegantes, pero sofocada por su plegamiento a un argumento soso que condena a sus personajes a un correcalles inútil. Apuntes de estilo, conjunto que no remata.
Juego peligroso (Abel Ferrara, 1993)
Si no puedes destruir tu realidad atormentada, filma esa destrucción.
Perturbador y tóxico ejercicio de terapia cinematográfica en Juego peligroso, donde Abel Ferrara lleva a cabo un intenso intento de expiación de sus pecados y fantasmas a través de la metaficción. Denso entramado atmosférico del Hollywood nocturno de vicios y demonios, especialmente inspirado en los acabados fotográficos de las secuencias del apartamento de la película de la ficción.
Asombrosa entrega de unos actores kamikazes para una investigación de las grietas del amor anegada de incómoda violencia de género, que sofistica gradualmente su discurso mediante cuatro niveles de reflejo simultáneos. Película sin duda interesante, también estancada durante gran parte de su metraje en sordidez reiterativa.
¿Cómo sabes si…? (James L. Brooks, 2010)
Desde la aceptación y reconocimiento mutuo del fracaso y el rechazo a la simulación, se produce el amor más sincero.
Lenguaje de la comedia clásica recuperado en la muy estimable Qué pasaría sí, tan ignorada por la esfera cinéfila como rica en confort emocional y sabiduría humanista. Diálogos ingeniosos y precisos cual punzón en desvelar las heridas escondidas de nuestro día a día, y reparto en sintonía perfecta, fruto de un casting idóneo y de un manejo notable del registro de comedia romántica. Interpretaciones que nunca serán reconocidas, pero que no podrían estar mejor en lo que James L. Brooks les solicita.
Cine de la química y la palabra en la que las formas, intencionadamente, son utilitarias. Precisas en su cobertura de los bis a bis pero nunca fuera de sitio, sin abrumar con exceso de planos ni apoyarse en bagatelas superfluas.

Ferrari (Michael Mann, 2023)
Otras escuderías corren para vender, pero Ferrari vende para correr. La victoria es fin y filosofía, y para ello, aún con riesgo de muerte, el freno no existe.
Tragedia amarga de sobriedad clásica en la notable e injustamente vilipendiada Ferrari. Apagado retrato con alma de tragedia y oscuridad inherente, indagando en el abismo personal de un matrimonio desgarrado, su entrelazado de infidelidades y el reflejo en los entresijos empresariales de un icono de automoción en perpetua amenaza de auto-descomposición. Melodrama afectado y captura precisa y cinemática de la adrenalina y adicción a la competición al volante.
Pareja protagonista atinada en sus personajes de madurez, y secuencias de automoción virtuosas van de la mano con sugerentes decisiones de encuadres que jamás se reiteran o se apoyan en el piloto automático (sorprendente vocabulario de rotaciones alrededor de la nuca, o de perfiles en primer término sobre fondo borroso). Al menos un par de juegos de montaje evocadores, alrededor del cronómetro o de la ópera como instigador del recuerdo. ¿La gran película que muchos esperábamos? No, pero ojalá todo el audiovisual norteamericano convencional tuviera puestas en escena tan estilosas como esta.
Kung Fu Panda (Mark Osborne y John Stevenson, 2008)
Aunque las condiciones parezcan adversas, nada, y tampoco nosotros mismos, deben disuadirnos de hacer lo que queremos.
Comedia de artes marciales en Kung Fu Panda, narración de impagable tempo que discurre como un disparo, habitada por atractivos personajes, estilizados diseños animados y unas escenas de acción vibrantes e ingeniosas dialogando con los escenarios.
Una auténtica lástima el empeño en transmitir moralinas, y que tanto metraje se invierta en observar las torpezas de Po, un protagonista mucho más irritante que divertido.
La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1942)
Amar duele si debes frenar la pasión por tu naturaleza felina.
Terror elegante de discurso simbólico en La Mujer Pantera, cine negro de sexualidad latente que siempre queda velada y abismo sobrenatural que nunca va más allá de la atmósfera de inquietud. Melodrama de impagable sentido estético, combinando con gusto el blanco y el negro en sus encuadres y juegos de luces, con dos secuencias de tensión ante lo inminente catedralicias: una mujer anda solitaria seguida por unos tacones que cesan, y esa misma mujer se arroja después a una piscina rodeada de gruñidos y reflejos acuosos.
Sabe la máxima de empezar y acabar bien, pero poco se comenta que durante buena parte de si recorrido es un filme bastante inerte.

Los canallas (Claire Denis, 2013)
Venido del mar, el antihéroe vengará a su hermana ahondando en lo más estremecedor de la madriguera de conejo.
Neonoir de estilo hipnótico en la excelente Los canallas. Suspense turbio, cargado de erotismo, misterio y densa y seductora atmósfera viciada, que reafirma a Claire Denis como una realizadora de personalidad inabarcable en continua búsqueda de soluciones expresivas. Telaraña de violencia y perversión parca en palabras y sonidos, que jamás explica pero esparce las pistas para que el espectador ate cabos.
Una catedral del primer plano y el perfil, construyendo las tensiones entre personajes a través de sus cercanías y posicionamientos en encuadre, y una enunciación de elementos y espacios disgregados donde cada movimiento de cámara se sale de la rutina o la cobertura inexpresiva. Sexo y mal, con los acordes envolventes de Tindersticks para redondear el trance. Obra magna de Febrero de 2024
Kung Fu Panda 2 (Jennifer Yuh Nelson, 2011)
Cuando alcanzas la paz interior, no estás a expensas de las presiones externas y la guerra ya está ganada.
Guerra de acero hacia el pozo de la memoria en Kung Fu Panda 2. Filme más ambicioso pero peor compensado que su predecesora, que corrige algunos de sus defectos pero incurre en nuevos problemas. Animación más imponente a nivel técnico y de escenarios más vistosos, que abre una jugosa indagación en la traumática génesis familiar de Po saltando con soltura entre el 2D y el 3D. Un Po más maduro y menos irritante, núcleo de una comedia más calibrada.
Pero perdemos prácticamente todo el Kung Fu, su gravedad dramática resulta pastosa y su villano, si bien vistoso, ofrece unas motivaciones, objetivos y planes muy pobres.
La fille de nulle part (Jean-Claude Brisseau, 2012)
Encerrado en los propios pensamientos, una visitante inesperada acompañará en el preámbulo a la muerte.
Contenida fábula espectral en La Fille de nulle part, cuento cargado de reflexión y cultura que indaga en las melancólicas barreras del deseo en la ancianidad. Química verbal entre una dupla heterodoxa, diálogo ingenioso y variados guiños cinéfilos a través de la hibridación velada con el fantástico.
Riqueza de ideas que alumbran encuadres creativos, pero a este relato de fantasmas le falta cincelar un tono más seductor, en tanto su ligereza resta poder evocador a su discurso subliminal. De las obras más exigentes de Febrero de 2024.
